La autopista en moto.

Hoy la autopista parecia un gran concurso de pelotudos.
Cantidad de conductores parecían estar esmerándose intensamente para ser auténticos peligros para sus congéneres.

Despues me dí cuenta que no. Que en realidad no hay ningún esmero, ningún esfuerzo.
Es simplemente esa certeza que tiene todo porteño de que él es el centro brillante y sagrado del universo conocido.

El porteño parece estar convencido de que todo ese ruido, toda esa gente, esa masa gris que no es él, solo existe en el mundo como "extras" de su actuación en este mundo. Los demás son solo un decorado, parece creer.

Tal vez se deba a la educación de la madre tana, arraigada en nuestra cultura, que inculca esa suerte de autopreservación extrema a costa de TODO, incluso de cagar en la cabeza a los demás porque lo que importa "es el nene".

Y asi creamos adultos sin conciencia ni concepto del prójimo, que se cagan en todo simplemente porque mamá les enseñó que ellos son únicos, irrepetibles, mejores que los demás, más importantes.

Vaya a saber.

Lo cierto es que lo peor de la autopista en moto, son los demás.

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