Con frecuencia escucho decir a mucha, demasiada, gente que el mayor de los problemas de este país, el más urgente, el más preocupante es la inseguridad. Probablemente es cierto. Tampoco se puede desmentir que es el que más vende, el que es más fácil de adornar con titulares y placas rojas. El que rellena más horas de noticieros televisivos. ¡Hasta las tapas de los diarios son mas “atractivas” con una pizca de inseguridad! El problema de la inseguridad es que se asimila con más facilidad que muchos otros de los problemas que nos rodean y modifica nuestros actos en mayor medida que muchísimos de esos problemas. Ahora bien, paremos la pelota (nunca mejor usada la analogía) ¿se dieron cuenta de que la inseguridad disminuye sensiblemente cuando está disputándose un mundial o qué los periodistas, tan propensos al drama, se vuelven expertos directores técnicos o fervorosos hinchas cuando juega La Selección? Esto no es, de ninguna manera, una crítica al futbol. Solo lo tomo como ejemplo. Hay muchísimos más. Lo que si me hace pensar es que la inseguridad, si bien es un problema real, y muy preocupante, es más bien una moneda de cambio. Eso a lo que podemos volver siempre que tengamos cosas menos entretenidas para hacer o, en el caso de los medios para mostrar.
Sin embargo hay un aspecto, un daño colateral, de la inseguridad como tema que me interesa destacar: la inseguridad como condicionante de nuestras acciones, como parámetro de nuestras vidas. Eso si me preocupa. Creo que hemos llegado a un punto en que se le teme a la inseguridad misma. Y esta, en definitiva, decide el devenir de nuestras vidas. Basta con salir a dar un paseo y observar las casas de nuestro barrio y descubrir que aquella donde te sentabas con tus amigos, después de jugar toda la tarde, se perece preocupantemente a una fortaleza. Que toda tu manzana se parece más a una exposición de rejas y feroces perros que al enorme patio de juegos que representaba en tu niñez. Tristeza. Está claro que a nadie le gustaría que le roben, pero estamos, como sociedad, al borde de un extremo. Hablamos de inseguridad en nuestros trabajos, con nuestros amigos y familiares, almorzamos con los noticieros y su recuento de crímenes, cenamos con ellos. Dejamos de salir a caminar, nos olvidamos de las plazas, ya no nos relacionamos con nuestros vecinos, nos aterra cruzarnos con un desconocido en la calle. Un desconocido, que muy probablemente tenga el mismo terror por nosotros. Es mucho. Basta. Basta de la sensación de inseguridad. Si el miedo a la inseguridad (ya no a ser víctima de la inseguridad) rige nuestros actos ya somos víctimas de la inseguridad.
Salgamos. Dejemos la inseguridad para los medios, para los especialistas, para los estadistas. Volvamos a divertirnos. A jugar. A las plazas. Seamos libres, al menos, del miedo. Vivamos.
No propongo que nos desconectemos del mundo y sus realidades si no que volvamos a poner las reglas de nuestras vidas.
Alguno me podrá decir “vos hablas porque nunca te paso nada grave”. Sí, de eso se trata, por eso hablo. “Cuando te pase algo hablamos” Sí, ni un minuto antes.
Abrazo gente.
Paroxismo: Exaltación extrema de los afectos y pasiones.
Inseguridad: falta de seguridad.
El paroxismo de la inseguridad
Se puede curar el cáncer... capitalista?
Cura del Cáncer: ¿Bloqueada por las farmacéuticas?
La cura del cáncer es una búsqueda de la ciencia médica desde hace décadas. Científicos de la Universidad de Alberta, en Canadá, aseguran haber descubierto una sustancia que elimina las células afectadas por tumores, pero dicen que no consiguen fondos para seguir sus pruebas porque la sustancia que usan no tiene patente.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - Investigadores de la Universidad de Alberta han logrado curar el cáncer utilizando un medicamento llamado dicloroacetato, sin embargo, como esta sustancia no requiere patente y es barata a comparación con los medicamentos usados para combatir el cáncer por las grandes farmacéuticas, está investigación no ha recibido mucho apoyo ni está haciendo eco en los medios.
El Dr. Evangelos Michelakis, profesor de la Universidad de Alberta, probó el dicloroacetato en células humanas y notaron que mata las células de cáncer en los pulmones, en el cerebro y en el pecho, dejando solamente las células sanas. En ratas con severos tumores sus células se encogieron al ser alimentadas con agua con esta sustancia.
El dicloroacetato detona una acción en la mitocondria para que esta acabe de forma natural con el cáncer en las células (tradicionalmente se enfoca en la glucólisis para combatirlo).
El Dr Michelakis manifestó su preocupación de no encontrar fondos para hacer pruebas clínicas con dicloroacetato ya que no representaría fuertes ganancias para inversionistas privados al no estar patentado.
Esto encaja exactamente con lo que dijo el Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts en una entrevista sobre como los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que en cambio sí desarrollan medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada.
La entrevista originalmente fue publicada por el diario español Vanguardia:
¿La investigación se puede planificar?
Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran hacer nada más que investigar y les dejaría trabajar diez años para sorprendernos.
Parece una buena política.
Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la investigación básica; pero si quieres resultados más inmediatos y rentables, debes apostar por la aplicada…
¿Y no es así?
A menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y billonaria industria biotech estadounidense para la que trabajo.
¿Cómo nació?
La biotecnología surgió cuando gente apasionada se empezó a preguntar si podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar purificarlos.
Toda una aventura.
Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.
¿Fue científicamente productiva?
Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no servía directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.
¿Qué descubrió usted?
Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).
¿Para qué sirvió?
Ese descubrimiento permitió entender cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una relación indirecta con el cáncer.
¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?
Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud… Tengo mis reservas.
Le escucho.
La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.
Explíquese.
La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital…
Como cualquier otra industria.
Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.
Pero si son rentables, investigarán mejor.
Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.
Por ejemplo…
He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad…
¿Y por qué dejan de investigar?
Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.
Es una grave acusación.
Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.
Hay dividendos que matan.
Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.
¿Un ejemplo de esos abusos?
Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.
¿No me habla usted del Tercer Mundo?
Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.
¿Los políticos no intervienen?
No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.
De todo habrá.
Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos – y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras…
Richard J. Roberts nació en Derby, Inglaterra, en 1943. Estudió inicialmente Química, posteriormente se traslada a Estados Unidos, donde desarrolla actividad docente en Harvard y en el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York. Desde 1992 dirige los trabajos de investigación del Biolabs Institute, de Beverly, (Massachusetts).
Obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1993, compartido con Phillip A. Sharp, por su trabajo sobre los intrones, fragmentos de ADN que no tiene nada que ver con la información genética. Pudieron describir que la información depositada en un gen no estaba dispuesta de forma continua, sino que se encontraba fraccionada.
Los primeros experimentos los realizaron sobre material genético de virus, particularmente de adenovirus.
Ambos llegaron a la conclusión de que el ARN ha tenido que preceder en la evolución al ADN.
La autopista en moto.
Hoy la autopista parecia un gran concurso de pelotudos.
Cantidad de conductores parecían estar esmerándose intensamente para ser auténticos peligros para sus congéneres.
Despues me dí cuenta que no. Que en realidad no hay ningún esmero, ningún esfuerzo.
Es simplemente esa certeza que tiene todo porteño de que él es el centro brillante y sagrado del universo conocido.
El porteño parece estar convencido de que todo ese ruido, toda esa gente, esa masa gris que no es él, solo existe en el mundo como "extras" de su actuación en este mundo. Los demás son solo un decorado, parece creer.
Tal vez se deba a la educación de la madre tana, arraigada en nuestra cultura, que inculca esa suerte de autopreservación extrema a costa de TODO, incluso de cagar en la cabeza a los demás porque lo que importa "es el nene".
Y asi creamos adultos sin conciencia ni concepto del prójimo, que se cagan en todo simplemente porque mamá les enseñó que ellos son únicos, irrepetibles, mejores que los demás, más importantes.
Vaya a saber.
Lo cierto es que lo peor de la autopista en moto, son los demás.
Los indios del sur y la campaña de desprestigio.
Hoy estaba con mi mujer mirando una serie muy graciosa, se llama "how I meet Your Mother".
No es ninguna obra maestra, mas bien es una comedia ágil y entretenida armada con puntadas bastante gruesas y sin demasiado brillo actoral, pero que cumple su funcion, y termina siendo bastante adictiva.
Lo que me llamó poderosamente la atención hoy, y que ya me ha pasado viendo otros capitulos de la misma serie, es algo muy raro que pasa de vez en cuando, que, a falta de otro nombre mejor llamaré "propaganda anti-argentina".
Sé que mi más habitual pecado es la paranoia, sé que tengo fama de ver demasiados puñales en las sombras, pero juro que ésa es la impresión que tengo.
En uno de los susodichos capitulos, una de las protagonistas decide mudarse a Argentina.
El personaje "cool" de la serie, el winner total, le dice: "es imposible! nadie se muda a argentina! el gobierno no quiere liberar su mercados, y su sistema ferroviario esta inutilizado!" y algunos otros reveladores datos economicos.
Sin embargo lo mejor vino cuando la mina realmente se va a Argentina, y vuelve contando sus experiencias en un "Buenos Aires" muy, pero muuuuuy loco.
Segun cuenta esta mina, en Buenos Aires todos estamos en chozas tipo bungalow, y mientras las enormes palmeras y la espesa vegetacion agregan exhuberancia a nuestro natal suelo, los nativos que andan por arriba del mismo viven fumando porro, tocando la guitarra, y tirados en el piso como nuestros antepasados cavernarios y mamutófagos.
No obstante esta... pintoresca instantánea de nuestro ser nacional que la serie nos presenta en pantalla, el tipico asado dominguero que, cualquiera en su sano juicio diría que es nuestra tradicion alimentaria mas representativa, la misma serie nos retrata sentados a la mesa de bambu, comiendo cocos, bananas y esos tragos con sombrillita que tanto les gusta a los gringos y a los pelotudos.
Ah!, y no olvidarse que en Argentina, siempre según esta hermosa serie, impera, incluso a la hora de sentarse a la mesa, una especie de "comunismo" en el cual todos comemos miserablemente.
Todo esto hace que al final de su viaje, la protagonista se haya convertido en una suerte de hippie cruza de Hilda Lizarazu con Ludovika Skirru, muy dada a la marihuana, a la paz, al "esta todo bieeeeeeee" y a la vagancia.
Al final del capitulo, por supuesto, la protagonista enfrenta a ese alter ego que le creció como un cancer debido a su visita a la argentina, y se desprende de todas esas locas ideas de compartir, fumar porro y ser "libre" que al parecer fue "un mambo que le pintó en Argentina" y culpa de quien?
DE SU NOVIO ARGENTINO! si! porque la mina se levanto un porteño que no labura, no estudia, toca el tambor todo el dia y es una especie de gurú hippie comunista con delirios misticos.
Y si a esta altura todavia se siguen preguntando si todo lo que escribi es invento mio, bueno, les aseguro que NO, no lo es. En todo caso ¿estará empapado de mi subjetividad? puede ser. Para sacarnos esa duda, yo los invito a que vean la temporada 2 y 3 de How I meet Your Mother. Se van a reir, pero es probable que tambien se indignen un poco.
Sin embargo, a modo de broche de oro (y porque saben que soy un perro que no suelta la liebre facilmente) les dejo un ultimo dato para reflexionar en mi teoria:
El que hace de Argentino, es Enrique Iglesias.
Ahora, señores...: si eso no es una campaña de desprestigio, entonces no sé que carajo es.
El 5to de Cancion! (algun que otro spoiler)
Ayer tuve el privilegio de ser espectador, una vez mas, de la serie que en mi opinion va a marcar el techo de futuras producciones similares.
HBO siempre se ha caracterizado por ofrecer productos de buena calidad, pero con Juego de Tronos simplemente "se van al carajo".
Particularmente lo que se refiere al capitulo 5, me parecio de un dinamismo y una maestria narrativa impresionantes, con muchas escenas emocionantes, sobre todo para los lectores de los libros, pero ademas con muchas escenas nuevas y reinterpretaciones que, lejos de ofender a los puristas, les ofrece nuevos puntos de vista, refuerzan teorias que sospechabamos, confirman puntos de vista, o simplemente ahondan en la historia.
Debo confesar, de todas formas, que tal vez se deba a cierto puritanismo innato que llevo en mi personalidad, pero que me siguen molestando un poco las escenas de sexo. Algunas estan muy bien, pero otras las veo completamente forzadas, como si la intencion fuera "dar que hablar" a la gilada yankee o buscarse prensa con algun ataque de esas sociedades de "padres cristianos por la decencia" que tanto proliferan en la tierra de la hipocresia y la... "libertad".
Aveces esas escenas son un sacón de onda... y si bien en el libro no molestan tanto, lo cierto es que una cosa es imaginarse una escena y otra es verla.
Me dá la impresión de que se busca provocar al pedo. La serie no lo necesita, porque destaca por otros motivos, sin lugar a dudas, pero realmente... (OJO; SPOILER) ¿que detalle aporta a la historia ver que Loras le tira la goma a Renly? Honestamente, eso estaba bastante claro sin tener que mostrarlo.
Las actuaciones siguen siendo de lo mejor, el personaje del Perro, la Montaña, Tyrion y Jon estan COMO EN EL LIBRO, muy bien logrados.
Me duele admitirlo pero creo que Lena Headey no hace una buena Cersei, no se si por merito propio o porque Martin le encargó un punto de vista diferente sobre este personaje, pero NO ES la Cersei de los libros... ni en pedo.
En fin, no puedo esperar para el lunes que viene.
Saludos!